A pesar de que estamos por cerrar el 2025, la política guerrerense -aun cuando el 2027 pareciera estar muy lejos todavía- se encuentra en un momento de efervescencia del proceso sucesorio. En este contexto, el nombre de Esthela Damián Peralta ha emergido como una de las figuras más comentadas, impulsada: por la solidez de su perfil político, su pertenencia ideológica a los movimientos de izquierda, que aunado, a la ausencia de opciones distintas y alternas, además, de la cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum; es lo que ha terminado por catapultarla para irrumpir en el escenario estatal, generando una ola de reacciones que la han mantenido en el centro del debate público y mediático.
La conversación en torno al fenómeno Esthela
Damián, puede analizarse a partir de la conformación de tres bloques de
opinión:
En el primero, están quienes han optado por la
negación y la descalificación; es un sector que reaccionó de inmediato negando
cualquier vínculo cercano con la presidenta, desde el momento mismo es que se
mencionó el nombre de Esthela Damián, a pesar de los cargos que ocupó durante
la administración de Sheinbaum en la Ciudad de México. Este grupo, ha buscado
desacreditar su posible candidatura, argumentando supuestos vínculos con grupos
tradicionales de poder en Guerrero, como la relación con el exgobernador Ángel
Aguirre Rivero con algunos miembros de la familia Damián. Estas narrativas,
aunque carentes de pruebas contundentes, buscan sembrar dudas sobre la
legitimidad de su aspiración.
El siguiente grupo está representado por
quienes mantienen una postura más escéptica, y centra su argumento en el
limitado arraigo de Damián Peralta en Guerrero, llegan a esgrimir incluso, escaso
conocimiento de la realidad política, económica y social del estado. Si bien,
reconocen la solidez de su trayectoria profesional, consideran que sus logros
han sido posibles gracias a su activismo político en la capital del país, lo
que, a su juicio, limita la viabilidad de una candidatura local, máximo si se
trata de la gubernatura del estado.
Finalmente, se encuentran los que la perciben
como una opción distinta y un factor de cohesión tanto al interior de Morena
como para aglutinar a un amplio sector de la sociedad civil guerrerense que no
está del todo conforme con la gestión de la actual administración en materia de
seguridad. Destacan su formación y experiencia en los ámbitos partidista,
legislativo y de gobierno, así como su participación en movimientos de
izquierda, lo que la posiciona como un cuadro calificado y capaz de articular una
alternativa de consenso para Guerrero.
La reciente designación de Esthela Damián,
como titular de la Consejería Jurídica de la Presidencia ha reavivado el
debate. En redes sociales y espacios de opinión se especula que este
nombramiento podría alejarla de la contienda en Guerrero, sobre todo tras las declaraciones
hechas desde Palacio Nacional que sugieren que se espera su permanencia en el
cargo durante el resto del sexenio, parte de la declaración que han enfatizado sus
competidores sin a completar la frase que advierte que será la misma Esthela Damián,
quién tome la decisión final.
Lo cierto es que, mientras no haya una postura
que cierre de forma definitiva la posible aspiración, llegado los tiempos
formales del proceso electoral, de Esthela Damián; su nombre seguirá figurando
en los principales estudios de opinión y en la conversación pública. De tal
forma, que el escenario de la sucesión en Guerrero permanece abierto, y su
presencia habrá de continuar generando expectativas y reacomodos entre los
actores políticos y sociales de la entidad.

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