El
banderazo de salida, declarado por Morena en la celebración del consejo
nacional, activó una serie de movimientos al interior y de paso encendió las
luces en el resto de los partidos produciendo un efecto dominó. Cuatro de los
siete, con registro nacional, han puesto en marcha estrategias enfocadas al
menos en tres dimensiones: el posicionamiento territorial, con el objeto de
ampliar la base militante a través de fuertes campañas de afiliación, el
control de la geografía electoral mediante la revisión o constitución de
comités seccionales, además de la renovación o ratificación de dirigencias
estatales como mandos estratégicos decisivos; la gestión ordenada del proceso
interno, bajo un marco operativo que establece reglas de juego, marcando
tiempos, recursos y espacios; y finalmente, la exploración de formas
innovadoras de acción política mediante mecanismos que aumenten la visibilidad
pública sin incurrir en actos anticipados de precampaña, aprovechando
actividades de posicionamiento antes de los plazos señalados por el calendario
electoral.
El
PRI, por ejemplo, ha creado la figura de los “defensores de México” en cada una
de las 17 entidades que elegirán gobernadores; una especie de respuesta a los
“coordinadores de la defensa de la 4ª transformación” que seleccionará Morena
en junio. El verde ecologista, por su parte, no se ha quedado atrás y de igual
forma presentó su lista de aspirantes y planteó que Karen Castrejón sea
incluida en las encuestas morenistas en Guerrero. Por otro lado, el PAN busca
simplificar el proceso de reclutamiento mediante el uso de una aplicación
digital, quienes posteriormente serán evaluados a través de una encuesta,
replicando el método por excelencia adoptado por Morena.
Actualmente
el posicionamiento mediático de la marca ha dejado de ser suficiente, lo que ha
devuelto a las estructuras a ocupar un rol central dentro del funcionamiento de
los partidos. En este contexto, Morena implementó desde el año pasado una
ambiciosa campaña de afiliación y estableció por primera vez comités
seccionales, como espacios de participación barrial y comunitaria, los cuales
no formaban parte de su ecosistema debido a las características de movimiento
que le dieron origen.
La
ratificación y renovación de las dirigencias es otra línea de acción relevante
para los partidos políticos. El PAN renovó la dirigencia y el consejo estatal.
Mientras en Morena todo apunta a mantener la directriz nacional de conservar
las dirigencias locales tal como están. MC ratificó recientemente a su
dirigencia, consolidando así al grupo que, desde su incorporación a este
instituto, previo a las elecciones de 2024, se ha hecho cargo de la franquicia.
El PT, por su parte, ha impulsado un activismo regional mediante instrumentos
como la “marcha de la lealtad”, apuntalando la imagen de su dirigente
Victoriano Wences Real como propuesta para la candidatura a gobernador. El PRI
después de un juego malabárico muy similar al de MC, realizó de manera fast
track la elección de quienes liderarán el partido durante los próximos cuatro
años. El PRD con registro exclusivamente estatal efectuó un relevo rotativo de
su dirigencia.
Los
partidos están en marcha, fortaleciendo sus estructuras, incrementando las
filas de militantes y realizando cambios en las dirigencias estatales.
Asimismo, ajustan las reglas del proceso para regular la competencia. Los
actores internos se reorganizan con el objetivo de influir en los órganos
responsables de tomar decisiones, particularmente en el diseño de
convocatorias, definición de métodos de selección, el control sobre la aplicación
de encuestas, principalmente, en la asignación de candidaturas para
ayuntamientos municipales, soportes territoriales clave en una elección a
gobernador.
Cada elección enfrenta retos y desafíos particulares, y requiere que las organizaciones políticas evalúen, revisen y actualicen sus estructuras como parte de su dinámica interna previa a una competencia. Sin embargo, estos procesos suelen desarrollarse casi siempre al filo de la navaja y son susceptibles a la falta de transparencia. Por tanto, una renovación que se limite sólo al ámbito estatutario, que si bien puede conferir reconocimiento y legalidad entre sus militantes, no necesariamente genera percepción de legitimidad ante el electorado.
La ausencia de autenticidad en los
procedimientos puede arrastrarlos fácilmente a caer en la simulación o la
farsa, que además de ofensivas tienen facturas de un costo impostergable, que
hoy o mañana, la sociedad acaba por cobrar.

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