miércoles, 28 de enero de 2026

De revés en revés


Parece que la suerte no ha estado del todo de lado del grupo “Constructores del Segundo Piso de la Cuarta Transformación”. Desde las primeras reuniones del año pasado, presentadas como un ejercicio de pluralidad, han enfrentado duros señalamientos por permitir la participación de figuras vinculadas al priismo local. Entre ellas destacan personajes cercanos al exgobernador Ángel Aguirre Rivero, cuya administración colapso al explotarle en las manos la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Pese a esos altibajos, se comprometieron a erigir una estructura organizativa paralela al partido en el poder (Morena); abocada exclusivamente en respaldar a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y sus principales políticas públicas. La articulación de ese apoyo alterno giro principalmente en torno a dos actores políticos nacionales: Héctor Ulises García Nieto, que se había desempeñado como delegado de la campaña presidencial de 2024 en Guerrero; y Alfonso Ramírez Cuéllar, muy ligado a los círculos de Palacio Nacional.

La propuesta no carecía de lógica: formar una red de apoyo más allá de Morena para sumar a ciudadanos sin filiación partidista, que quizá no quisieran integrarse al partido, pero compartieran la visión de país y el estilo personal de gobernar de la presidenta CSP. La estrategia era muy concreta: la creación de comités municipales y seccionales —algo muy acertado porque se planteó antes de que esos órganos quedaran recogidos en los estatutos de Morena— lo que despertó tanto interés que llegó a especularse con que, en realidad, se estaba gestando un nuevo partido ante una posible ruptura con el expresidente AMLO.

Las críticas persistentes de sus adversarios convirtieron aquella promesa en otra de esas ideas geniales de la política que nunca llegan a concretarse. En lugar de mantenerse cohesionados, retrocedieron y eligieron dispersarse para aminorar la fuerza y el alcance de la ofensiva mediática dirigida directamente contra ellos. Así, se llegó a la conclusión de que el grupo emergente, en los hechos, nunca mostró signos reales de vida ya que no tuvieron la oportunidad de mostrar el músculo de su potencial político.

Cada uno de los integrantes más representativos optaron por abrirse paso con su propio camino:
Beatriz Mojica centró su impulso en las actividades del Senado de la República, dando un nuevo impulso a la causa afrodescendiente, participando en la conformación de los comités seccionales de Morena, organizando festejos de fin de año y rindiendo su informe legislativo, entre otras actividades.
Rogelio Ortega se ha hecho presente en los medios, se acercó a distintas organizaciones sociales, ha publicado libros para fortalecer su perfil académico y ha impulsado la imagen del “Tigre” como marca política.
Mario Moreno, fiel a su lema “sigo caminando”, continuó recorriendo municipios de las ocho regiones del estado, aunque con un protagonismo de más a menos y visiblemente incómodo por la necesidad de aclarar de manera recurrente la intención de afiliarse a Morena, ante las evidentes expresiones de rechazo de un amplio sector de dirigentes y militantes.
Y, Alberto López Rosas, que públicamente expresó en este año su deseo de competir por la candidatura de gobernador en Morena, mantiene en los hechos un rol más simbólico y testimonial que de competencia real.

Como los resultados de las encuestas (Demoscopia, Gobernarte, etc.) siguen colocando al partido en el poder, en la preferencia ciudadana; el 2026 es el año clave de la sucesión gubernamental en Guerrero y los resultados que obtengan en el 2027 serán producto de las decisiones que tomen en éste; los aspirantes y sus equipos lo saben, por tanto, no hay tiempo que perder.

Y, ese grupo que se daba por acabado reaparece, desempolvando la misma agenda: reiterar la consigna de “respaldar a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo”. El primer tropiezo, es que lo presentan como una iniciativa inédita, cuando en realidad se conformó el año pasado y durante todo ese tiempo no han logrado cuajar territorialmente; el segundo, es la insistencia en mantener a Héctor Ulises García Nieto y Alfonso Ramírez Cuellar (aunque éste no estuvo en la última reunión) como ejes centrales, pese a que su encargo como delegado finalizó con la campaña presidencial de 2024.

La reaparición conjunta del grupo desató una reacción airada dentro y fuera de Morena. Se redoblan las mismas críticas sobre supuestos vínculos con el PRI y con el exgobernador Ángel Aguirre —a quien acusan de orquestar un intento por frenar las aspiraciones del senador Félix Salgado Macedonio—. A pesar de las aclaraciones, resurge la narrativa de 2021: habría un plan sistemático para impedir a toda costa que su nombre aparezca en la boleta como candidato a la gubernatura de Guerrero. Paradójicamente, esa polémica eleva su perfil y lo consolida como el rival a vencer.

Hasta ahora, la dirigencia estatal de Morena se había mostrado demasiado débil para imponer su liderazgo y lograr que los aspirantes respetaran los tiempos del partido y la ley electoral. Sin embargo, por primera vez se le ve tratando de poner orden y aplacar el ímpetu de los aspirantes, al declarar públicamente que está prohibida la formación de grupos o corrientes internas —algo que, resulta contradictorio pues la política siempre ha girado alrededor de grupos porque tiene que ver con personas—. Acto seguido, pidió a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México (Clara Brugada) que revise la actuación del secretario de Movilidad, quien aprovecha los fines de semana para visitar Guerrero y organizar reuniones, anunciando de dónde saldrán los aspirantes a la elección de 2027, tanto para la gubernatura como para otros cargos que se someterán a las urnas.

Frente a este duro revés, el grupo renacido dispone de tres alternativas: mantenerse unido y acatar la institucionalidad partidista; redoblar su activismo ignorando cualquier restricción de la dirigencia; o, finalmente bajar el telón para disolverse, en definitiva.

Superar el estigma que en la percepción mediática se les ha construido, es indispensable dejar claro que no existen para frenar u obstaculizar las aspiraciones políticas de nadie, sino competir de manera abierta y legítima conforme a las reglas estatutarias del partido, sin intenciones de debilitar a la dirigencia o descarrilar el proceso interno. De no ser así, las sombras de los demonios del pasado los arrastrará a lo más profundo de los infiernos.

 

 

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