Golpear el candado
El impulso de iniciativas que modifican la distribución del poder y por ende el reacomodo forzado de las élites, han de acompañarse de la lógica elemental de “sentido de la oportunidad”. Alentarlas en condiciones desfavorables, el resultado evidente será contrario al deseado; los cambios se frustran y el manoseo los a parta de la visión que les diera origen. Toda reforma, usando la tesis de Altamirano planteada en el discurso contra la amnistía, ha de ser oportuna y altamente política.
La reforma que
prometía cerrar el paso a la reelección —de legisladores federales y locales, y
presidentes municipales—y acabar con el nepotismo, prácticas nocivas acentuadas
durante los gobiernos posrevolucionarios del siglo pasado y principios del XXI
y cuyos primeros síntomas reaparecieron casi a la par con el crecimiento electoral
de Morena.
El aplazamiento
para su entrada en vigor hasta el 2030, es la prueba palpable del nivel del
rechazo. Relegar el mandato a un instrumento normativo de carácter secundario,
en este caso a la normatividad del partido, dejó abierta la posibilidad para
que más de uno, perjudicado en sus aspiraciones políticas inmediatas, pudiera
entrar en una actitud de franco desacato y recurrir a un tribunal de alzada
para recuperar la plenitud del derecho a ser elegido a un cargo de elección
popular, al no existir impedimento legal alguno establecido formalmente por una
Ley superior.
Ante el juego
de resistencias, la pregunta es ¿hasta dónde la reforma contra el nepotismo y
la reelección llegó a constituir un compromiso real tanto del gobierno como de
la élite morenista por colocar controles para eliminar de esos lastres que
amenazan con dañar la imagen del partido? o ¿simplemente fue una táctica mediática
de reforma gatopardista para encantar el oído de los fans pero en los hechos al
final se terminara por justificar las prácticas nocivas del nepotismo y que
enarboló combatir durante su etapa como partido opositor? De ser así, es
sumamente grave, significaría entonces la existencia de un doble discurso, con
el riesgo de terminar todo esto en una farsa, en un simple montaje o en una
total tomadura de pelo; y lo peor que te puede pasar en política, es engañar
imaginando equivocadamente que el ciudadano y los seguidores son unos ingenuos.
Porque como bien lo señala Xavier Domínguez, en política se vale mentir, lo que
no se vale es engañar.
En apenas una
década, los clanes familiares han echado raíces profundasen Morena: La familia
Monreal no solo controla el gobierno de Zacatecas sino también importantes
espacios en la cámara de diputados con Ricardo Monreal en calidad de
Coordinador de la Bancada; Los Alcalde, además de la dirigencia donde se ubica Luisa
María Alcalde, figura la ocupación de otros espacios estratégicos; Los Batres
Guadarrama, con Martí Batres en la Dirección General del ISSSTE y Lenia Batres
como Ministra en la Suprema Corte de Justicia; Los Godoy, liderados por la
titular de la Fiscalía General de la República Ernestina Godoy; los Tadei con
Jorge Luis Tadei y la actual consejera presidenta del INE Guadalupe Tadei. En
los gobiernos estatales[1]
de igual forma hay clanes fuertemente consolidados poco dispuestos a ceder las
posiciones de privilegio, aunque con ello se contradiga la narrativa discursiva
de la 4T, de no ser lo mismo o de acabar con el negativo influyentísimo,
amiguismo y el nepotismo que Andrés Manuel definió como “lacras del antiguo
régimen[2]”.
Pese a no ser
un fenómeno exclusivamente de Morena, pues como práctica ha estado presente lo
mismo en los tiempos hegemónicos del PRI con los de Mazo, los Beltrones, los
Moreira etc., que en el contexto internacional con los Kenedy, los Bush y los
Clinton en los Estados Unidos; al final “donde hay poder hay dinastía”.
En el afán de
inmunizar al movimiento se realizó la transfusión del antídoto que al interior
mismo del cuerpo encontró una feroz resistencia, colocando al partido y al
gobierno en un terrible juego del “sí pero no”. La reforma contra el nepotismo
no carece de buenas intenciones; No obstante, dadas las circunstancias en las
que se presenta careció del cálculo político del tiempo y esto acarreo que
fuese pateada hasta el campo de la cancha del 2030 y botada en el 2027 a un
candado de segunda mano que hoy conforme se aproxima el inicio del proceso
electoral y como consecuencia la selección de las candidaturas, es un candado
que recibe golpes de partes incluyendo a los aliados.

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