miércoles, 18 de febrero de 2026

Golpear el candado

 


Golpear el candado

 El impulso de iniciativas que modifican la distribución del poder y por ende el reacomodo forzado de las élites, han de acompañarse de la lógica elemental de “sentido de la oportunidad”. Alentarlas en condiciones desfavorables, el resultado evidente será contrario al deseado; los cambios se frustran y el manoseo los a parta de la visión que les diera origen. Toda reforma, usando la tesis de Altamirano planteada en el discurso contra la amnistía, ha de ser oportuna y altamente política.

La reforma que prometía cerrar el paso a la reelección —de legisladores federales y locales, y presidentes municipales—y acabar con el nepotismo, prácticas nocivas acentuadas durante los gobiernos posrevolucionarios del siglo pasado y principios del XXI y cuyos primeros síntomas reaparecieron casi a la par con el crecimiento electoral de Morena.

El aplazamiento para su entrada en vigor hasta el 2030, es la prueba palpable del nivel del rechazo. Relegar el mandato a un instrumento normativo de carácter secundario, en este caso a la normatividad del partido, dejó abierta la posibilidad para que más de uno, perjudicado en sus aspiraciones políticas inmediatas, pudiera entrar en una actitud de franco desacato y recurrir a un tribunal de alzada para recuperar la plenitud del derecho a ser elegido a un cargo de elección popular, al no existir impedimento legal alguno establecido formalmente por una Ley superior.

Ante el juego de resistencias, la pregunta es ¿hasta dónde la reforma contra el nepotismo y la reelección llegó a constituir un compromiso real tanto del gobierno como de la élite morenista por colocar controles para eliminar de esos lastres que amenazan con dañar la imagen del partido? o ¿simplemente fue una táctica mediática de reforma gatopardista para encantar el oído de los fans pero en los hechos al final se terminara por justificar las prácticas nocivas del nepotismo y que enarboló combatir durante su etapa como partido opositor? De ser así, es sumamente grave, significaría entonces la existencia de un doble discurso, con el riesgo de terminar todo esto en una farsa, en un simple montaje o en una total tomadura de pelo; y lo peor que te puede pasar en política, es engañar imaginando equivocadamente que el ciudadano y los seguidores son unos ingenuos. Porque como bien lo señala Xavier Domínguez, en política se vale mentir, lo que no se vale es engañar.

En apenas una década, los clanes familiares han echado raíces profundasen Morena: La familia Monreal no solo controla el gobierno de Zacatecas sino también importantes espacios en la cámara de diputados con Ricardo Monreal en calidad de Coordinador de la Bancada; Los Alcalde, además de la dirigencia donde se ubica Luisa María Alcalde, figura la ocupación de otros espacios estratégicos; Los Batres Guadarrama, con Martí Batres en la Dirección General del ISSSTE y Lenia Batres como Ministra en la Suprema Corte de Justicia; Los Godoy, liderados por la titular de la Fiscalía General de la República Ernestina Godoy; los Tadei con Jorge Luis Tadei y la actual consejera presidenta del INE Guadalupe Tadei. En los gobiernos estatales[1] de igual forma hay clanes fuertemente consolidados poco dispuestos a ceder las posiciones de privilegio, aunque con ello se contradiga la narrativa discursiva de la 4T, de no ser lo mismo o de acabar con el negativo influyentísimo, amiguismo y el nepotismo que Andrés Manuel definió como “lacras del antiguo régimen[2]”.

Pese a no ser un fenómeno exclusivamente de Morena, pues como práctica ha estado presente lo mismo en los tiempos hegemónicos del PRI con los de Mazo, los Beltrones, los Moreira etc., que en el contexto internacional con los Kenedy, los Bush y los Clinton en los Estados Unidos; al final “donde hay poder hay dinastía”.

En el afán de inmunizar al movimiento se realizó la transfusión del antídoto que al interior mismo del cuerpo encontró una feroz resistencia, colocando al partido y al gobierno en un terrible juego del “sí pero no”. La reforma contra el nepotismo no carece de buenas intenciones; No obstante, dadas las circunstancias en las que se presenta careció del cálculo político del tiempo y esto acarreo que fuese pateada hasta el campo de la cancha del 2030 y botada en el 2027 a un candado de segunda mano que hoy conforme se aproxima el inicio del proceso electoral y como consecuencia la selección de las candidaturas, es un candado que recibe golpes de partes incluyendo a los aliados.

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