La
ambivalencia política es una herramienta efectiva cuando
se emplea con destreza y alto nivel de expertise.
Utilizarla en situaciones de incertidumbre permite influir en la agenda
mediática y gestionar de forma eficaz las expectativas en la opinión
pública. Sin embargo, detrás de la aparente indecisión suele estar el
retraso deliberado de administrar el tiempo para anunciar decisiones ya
tomadas, a la espera del momento favorable que ofrezca la mayor renta
política. No obstante, el uso excesivo y poco diestro de este recurso puede derivar con
facilidad en un búmeran de graves consecuencias negativas, incluyendo la
ruina política.
La postura del
senador Félix Salgado Macedonio respecto a la evidente aspiración a la
candidatura de gobernador no registra en los
últimos cinco años cambios abruptos; por el contrario, se ha
sostenido sobre la cuerda floja de la ambivalencia discursiva. En ese trance
se identifican con claridad tres etapas: la que comienza con el ascenso
de Evelyn Salgado al gobierno del estado hasta la elección presidencial de
2024; la siguiente, inicia con el arribo de Claudia Sheinbaum Pardo a la
presidencia de la república y el contexto previo a la aprobación de
la reforma contra el nepotismo y la reelección; la última, se
inaugura a partir de la decisión de incluir y adelantar en los estatutos el
candado estatutario y la aplicación inmediata en las elecciones de 2027,
junto a la celebración del último consejo nacional que fijo las reglas
generales de la contienda interna para la selección de las candidaturas de
gobernador, diputados federales, presidentes municipales y diputados locales.
En un hecho sin
precedentes en la historia política de
Guerrero, la sucesión gubernamental
de 2027 quedó abierta a inicios del actual sexenio y como
consecuencia se produjo un ininterrumpido activismo por
adelantado de quienes inmediatamente se avizoraban como posibles
aspirantes para relevar a la titular del ejecutivo estatal. Uno de
ellos indirectamente, lo fue sin lugar a duda el mismo Félix Salgado,
padre de la actual gobernadora, reelecto senador en las
elecciones de 2024; quien a través del “Centro Cultural el Caminante”
esbozó las primeras señales de su transición hacia una estrategia de marketing
social que le dio durante la primera mitad del gobierno morenista una
enorme visibilidad sin infringir ninguna ley electoral
por la que fuera reconvenido. Y, desde donde lanzaba expresiones de respaldo al
presidente López Obrador y respecto a su aspiración de ser candidato a
gobernador siempre afirmó que lo que primero que deseaba era que Evelyn Salgado
hiciera una excelente gestión como gobernadora, que se debía promover el relevo
generacional o que faltaba mucho tiempo para lo de la gubernatura, mientras sus
fans coreaban alrededor el clásico “hay Toro” y así hasta ser reelecto senador
en 2024.
Al arribo de Claudia
Sheinbaum a la presidencia, la actitud no fue distinta, continuó moviéndose dentro
del discurso de la institucionalidad y en apoyo a la primera mujer y mejor
presidenta, respaldando la gestión y las principales reformas emprendidas
por la presidenta; junto a expresiones nuevamente de falta mucho o que no ha
dicho que quiere, llamando a esperar los tiempos y conservar la calma y no adelantarse.
La estrategia de marketing social y filantrópico, se consolida con “perritos
felices” al que le han incorporado otros componentes como “niños felices” y
“cabañas felices” pero que en los hechos funge como si fuera una casa de
gestión desde donde se promueve en todo momento la marca personal del Senador
Félix Salgado.
La aprobación
de la reforma constitucional contra el nepotismo abrió una etapa diferente, que,
aunque la entrada en vigor se postergó al 2030, la reforma estatutaria
introdujo la aplicación obligatoria para 2027. Esto alertó a los actores
políticos que se encuentran en estas situaciones o circunstancias muy
similares; ante ello, la respuesta de Félix Salgado ha sido otra vez el
discurso de la institucionalidad y, por otro lado, la pertenencia leal a Morena
con el que está muy agradecido, por tanto, está en Morena, se
queda y respeta lo que diga Morena. Aunque no aprovecha la
ocasión para traer a colación las frases: el pueblo pone y el
pueblo quita, con el pueblo todo sin el pueblo nada, lo que diga el
pueblo; o un poco más amenazante, hasta donde el pueblo diga. El
principio de que la soberanía reside en el pueblo, el derecho de votar y ser
votado, el principio de jerarquía de la Ley consagrados en la Constitución. Félix
Salgado oscila hoy entre la institucionalidad y la sutil rebeldía.
El eficaz manejo
ambivalente con que había venido tratando el álgido tema del
nepotismo parecía haberle funcionado, pero las
declaraciones cada vez más claras y directas de Luisa
María Alcalde que advierten lo dejarlo fuera de las encuestas, le han
obligado a salir de esa área gelatinosa para entrar
al terreno firme de los posicionamientos.
Una estrategia que oscilaba
en no confrontar y no atacar cambia de ruta a la de
trabar combate. El contundente señalamiento sobre quienes lo
cuestionan y que en los hechos desde su perspectiva tampoco logran salvar
el principio del antinepotismo, cuyos clanes se ha documentado que se
encuentran enquistados en las distintas esferas de poder, juega como una
advertencia y anuncia lo que puede ser el preludio para dejar atrás la
ambivalencia.
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